jueves, 2 de septiembre de 2010

¿Por quién doblan las campanas?

“La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; Por tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti. "

Tomo el titulo de la famosa novela de Ernest Hemingway para verter mi indignación y frustración ante las manos impunes manchadas de sangre de una comparsa de malhechores que han hecho de Venezuela un botín de guerra, tierra ocupada, donde la justicia es la voluntad del ocupante.
Mientras Earl azotaba Las Antillas con sus vientos iracundos, una vida se ofrenda al Dios de la dignidad y el pundonor en un pobre país pisoteado por la degradación, el afán de riqueza fácil, la indiferencia, la rapiña y la arrogancia de un régimen sordo y siego. La acción de Franklin Brito no solo golpea el rostro del príncipe, golpea a una organización internacional que demuestra su inutilidad, golpea a un gremio de productores que no le dio el apoyo ni entendió el significado de su sacrificio, golpea al gremio de los jueces y abogados que tendremos que “llorar como mujeres lo que no supimos defender como hombres”.
Acaso ¿no son diáfanos e irrefutables los derechos que asisten a Franklin Brito y ningún órgano jurisdiccional reivindicó?. Acaso ¿no es palpable el abuso de autoridad y la usurpación de funciones por parte de los organismos administrativos que manejaron el asunto?
¿Acaso es ajustado a la norma privarlo de su libertad para internarlo en un establecimiento concebido y creado para sanar trastocado en ergástula y sala de tortura? ¿No es criminal declarar loco al más cuerdo de los venezolanos para ocultar una verdad, satisfacer un capricho y una obsesión de infalibilidad de nulidades engreídas que se figuran dioses?”.
Dios conceda paz a sus restos y consuelo a su familia, la cual está consciente que Franklin murió por una legalidad que nadie respeta, inexistente, por su derecho a ser oído, por su derecho a vivir en paz, por su derecho a la libre empresa, a la propiedad bien habida, al libre tránsito y el derecho a expresar su pensamiento. Franklin murió También por nuestros derechos de hombres libres.

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