lunes, 21 de noviembre de 2011

Fidel Castro está aquí

SOBRE LA MARCHA
Por Elides J. Rojas L.
Chávez se fue unos días a La Habana algunos años antes de ser electo en 1998. Fidel Castro, viejo, pero no en trance de muerte como está ahora (premuerto, pues) lo recibe con honores de Estado, como si se tratara de un Presidente. Era necesario. La jaladera de mecate ya estaba en plena operación y el viejo criminal ya tenía vista la chequera futura que manejaría el neocomunista militar. Allá habló, bebió, bailó, gozó, paseó, comió, disfrutó y fue a la Universidad de La Habana a hablar pistoladas comunistas que después se cansó de negar.

En efecto, para el franco comandante no era conveniente ni estratégico que se supiera en Venezuela que el militar golpista, recién salido de la cárcel, era comunista, conspirador de los viejos e hijo putativo del criminal más feroz del Caribe. Lo negó. Se cansó de negarlo. Insultó a todo aquel que se atrevió a señalarlo. Agredió, como sería su más querida costumbre más adelante, a la prensa, a los medios y a los opositores. La canalla, decía, quiere atemorizar a mis votantes. Y, como es natural en el encantador de serpientes, le creyeron.


Más adelante, con el gran costo para todo el país, ha quedado clarísimo quién es el embustero, manipulador y vende patria. No son dos. Es uno solo. Uno entrega y el otro recibe. Esa es la fórmula. Y los efectos los agarra el pueblo venezolano, las ciudades, la economía, la calidad de vida de los odiados compatriotas de Chávez. Efectos directos, justo en el medio de la línea de flotación de las familias, de las empresas, del país en general. No somos Cuba, es verdad. No somos como la empobrecida isla esclavizada por los hermanitos sádicos, pero ahí vamos. Y vamos bien.


Tenemos un poderoso mercado negro de divisas, ilegal hablar de él, pero existe. Como en Cuba. Existe, igualmente, un gran mercado paralelo de productos, de contrabando y de mercancía que está regulada. Más cara, comprada en plena calle o en ciertos lugares escondidos. Como en Cuba. Tenemos presos políticos, presos bajo juicios caprichosos e ilegales, exiliados, huidos y escondidos. Como en Cuba. Tenemos políticos inhabilitados. Como en Cuba.


Tenemos escasez de productos, con temporadas fijas y rotativas. Comida y medicinas deben importarse. No se produce gran cosa o casi nada. Como en Cuba. Hay un buen mercado de contrabando manejado en las aduanas por militares y vendido por socios que administran la buhonería o la venta negra. Y no hay bloqueo. Como en Cuba. Hay prostitución en calles, hoteles y avenidas. De día y sin necesidad de esconderse. Como en Cuba. Existe una poderosa cúpula de vivianes que controlan el poder, se benefician y se hacen ricos. Como en Cuba.


No hay carros nuevos y los que existen son de los chavistas y militares. Como en Cuba. Tampoco casas o apartamentos suficientes. Y los que hay en venta los compran de contado los chavistas y militares. Como en Cuba. No hay empleo general. Hay empleo en ministerios y empresas relacionadas al gobierno. Como en Cuba. Siempre el gobierno anuncia y se prepara para una invasión extranjera, del imperio. Como en Cuba. El gobierno se sostiene a punta de terror, dominio de poderes, chantaje económico y populismo. Como en Cuba. La propaganda es la clave de la permanencia a largo plazo en el poder, Como en Cuba.


Las huellas de Fidel están por todas partes. Está aquí, está por todas partes.


También hay un solo jefe, un amo, un líder. Eterno e insustituible.


Como en Cuba.

Twitter: @ejrl
FUENTE: El Universal

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