Mozambique prácticamente había terminado de salir de la guerra de independencia cuando ya se encontraba en guerra civil.
La semana pasada conocí en Macao a una pareja de mozambiqueños, João y Leonor, que salieron de su país desde que estalló la guerra civil en Mozambique. Escribo sobrecogida por sus relatos, por el paralelismo que puedo establecer entre aquella penosa situación y la que vive Venezuela hoy en día.
Mozambique prácticamente había terminado de salir de la guerra de independencia cuando ya se encontraba en guerra civil. João, hijo de padre portugués y madre mozambiqueña, peleó durante 42 meses en la primera, llamada guerra colonial (1964-1975). Su mujer, Leonor, también es producto de una atractiva mezcla de razas. Y es que en Mozambique, como en Venezuela, las razas se han mezclado desde hace cientos de años.
Me contaron que el líder de la guerra civil fue el carismático Samora Machel, un guerrillero que quería establecer un “socialismo científico”, a pesar de que muchos de sus compañeros de partido querían establecer la democracia. Había fallado ya la llamada Revolución de los Esclavos, un movimiento pacífico encabezado por oficiales portugueses que estaban hartos de la guerra. Samora se dedicó a culpar a los capitalistas de todo. Empezó una reforma agraria que resultó un fiasco. Luego nacionalizó la banca y en 1976 nacionalizó todo. Sus contrarios se fueron a la guerrilla y empezó la guerra civil.
Samora Machel dictó una Ley de Expulsión que dio un plazo de 24 horas a todos los portugueses para abandonar el país. Fue tan exabrupta que tuvo que cambiarla a 60 días.
Leonor cuenta que en aquellos días, cuando ella se sentaba en la puerta de su casa, pasaban personas insultándola. La acusaban de fascista y capitalista. Yo le pregunté en qué momento habían decidido dejar su país. Me dijo que ya en 1976 el país era una olla de presión. Sentían desconfianza hasta de sus vecinos, amigos y colegas. El sistema de salud se había deteriorado completamente. Los alimentos escaseaban. Y encima, los discursos inflamados del presidente. Salieron en 1977 hacia Portugal.
João escucha hablar a su mujer y dice: “Una vez que salí, que mis raíces quedaron atrás, decidí que iba a ser feliz dondequiera que estuviera. Aquello que dejé ya no lo volveré a tener”. ¿Será un espejo Mozambique?
Mozambique prácticamente había terminado de salir de la guerra de independencia cuando ya se encontraba en guerra civil. João, hijo de padre portugués y madre mozambiqueña, peleó durante 42 meses en la primera, llamada guerra colonial (1964-1975). Su mujer, Leonor, también es producto de una atractiva mezcla de razas. Y es que en Mozambique, como en Venezuela, las razas se han mezclado desde hace cientos de años.
Me contaron que el líder de la guerra civil fue el carismático Samora Machel, un guerrillero que quería establecer un “socialismo científico”, a pesar de que muchos de sus compañeros de partido querían establecer la democracia. Había fallado ya la llamada Revolución de los Esclavos, un movimiento pacífico encabezado por oficiales portugueses que estaban hartos de la guerra. Samora se dedicó a culpar a los capitalistas de todo. Empezó una reforma agraria que resultó un fiasco. Luego nacionalizó la banca y en 1976 nacionalizó todo. Sus contrarios se fueron a la guerrilla y empezó la guerra civil.
Samora Machel dictó una Ley de Expulsión que dio un plazo de 24 horas a todos los portugueses para abandonar el país. Fue tan exabrupta que tuvo que cambiarla a 60 días.
Leonor cuenta que en aquellos días, cuando ella se sentaba en la puerta de su casa, pasaban personas insultándola. La acusaban de fascista y capitalista. Yo le pregunté en qué momento habían decidido dejar su país. Me dijo que ya en 1976 el país era una olla de presión. Sentían desconfianza hasta de sus vecinos, amigos y colegas. El sistema de salud se había deteriorado completamente. Los alimentos escaseaban. Y encima, los discursos inflamados del presidente. Salieron en 1977 hacia Portugal.
João escucha hablar a su mujer y dice: “Una vez que salí, que mis raíces quedaron atrás, decidí que iba a ser feliz dondequiera que estuviera. Aquello que dejé ya no lo volveré a tener”. ¿Será un espejo Mozambique?
FUENTE: LaVerdad.com
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