Chávez ha sido el clásico enigma dentro de un
misterio envuelto en un acertijo, pero ya ese misterio ha quedado expuesto. No
es más que un farsante irresponsable que ha llevado a la ruina y la sumisión
colonial un país que ya debería estar entre los más prósperos del planeta.
Para Winston Churchill la Unión Sovietica fue
un enigma dentro de un misterio envuelto en un acertijo. Algo parecido
representa Chávez para los venezolanos. La principal diferencia es que el
presidente saliente no representa un enigma, sino muchos.
Se podría escribir un libro tratando de
desentrañar los misterios de este hombre. Me limitaré a arañar la superficie de
este acertijo humano para tener una idea de lo que está debajo de su epidermis
de teflón. Se supone que los hombres públicos son transparentes para sus
observadores, pero Chávez es una caja negra. Su verdadera personalidad es
conocida solo por los hermanos Castro y quizás por algunos apóstoles del
cenáculo que opera dentro de los anillos de seguridad que lo rodean. Para sus seguidores
es una deidad digna del Olimpo, para sus adversarios es una pesadilla
inaguantable, para los vividores de oficio es una mina de oro.
Este extraño personaje que se hizo militar
siendo marxista, juró defender la Constitución de 1961 a sabiendas que la iba a
mancillar, comandó un batallón de paracaidistas sin haberse lanzado de un avión
y se metió a político sin serlo, es en verdad un aventurero y un histrión capaz
de desempeñar mal cualquier papel… pero
desempeñarlo. De esta manera, de fracaso en fracaso, fue electo presidente
gracias a su vaho hipnótico y labia frondosa capaz de adormecer multitudes
hambrientas no solo de pan sino de discursos hechos con lugares comunes y
conceptos vacíos.
Su gobierno ha sido un burdo secreto que se
desarrolla continuamente en medio de una orgía de corrupción en manos de un
grupete de ineptos. Como presidente ha ido arruinando al país pese a que bajo
su gobierno el precio del petróleo subió más de 2 mil por ciento. Aun con los
inmensos recursos recibidos durante sus 13 años ahora tenemos que pedir
prestado dando como garantía nuestro petróleo a los chinos en condiciones
leoninas. Este milagro al revés lo ha logrado mientras coarta nuestras
libertades defecando sobre su propia constitución y pisoteando nuestros valores
más preciados.
Cuando dio el golpe de Estado el 4F sus
seguidores no sabían que era un comunista infiltrado. Cuando se lanzó como
candidato en 1998 no mencionó su afiliación política roja-rojita ni sus planes
para convertir a Venezuela en una colonia cubana. Entonces no fue captado por
el radar democrático, pero después de tantas y tan descaradas ofensas y
desafueros su secreto ha sido develado. El farsante está desnudo a la vista de
todos.
La única forma en que pudiera ganarle a
Capriles el 7-O es mediante el fraude, pero no lo permitiremos. El voto masivo
es el antídoto contra el fraude. Si lo intenta, debe atenerse a las
consecuencias. Perez Jiménez cometió fraude el 15 de diciembre de 1957. Cinco
semanas después, el 23 de enero de 1958, huyó despavorido. Como en esa
oportunidad, ahora estamos preparados para pagar el precio que sea necesario
por nuestra libertad. Es mejor que acepte la derrota y aborde el chupa-dólares
rumbo a La Habana. Se acabó la fascinación. Su misterio ha resultado ser el del
estafador. No lo queremos.
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