Reinaldo Escobar
La Habana
¿Cuál es el estado de salud real del presidente venezolano? ¿Sabía Chávez de
su enfermedad cuando se presentó a las últimas elecciones?
Aun cuando todavía queda por cerrar el caso clínico del paciente Hugo
Chávez, ya puede afirmarse que el asunto de la salud del presidente de
Venezuela ha tenido su desenlace final, pues parece evidente que el comandante
bolivariano no tendrá otra oportunidad como mandatario.
Tras un silencio donde solo hemos oído vagos comentarios sobre la
complejidad del proceso posoperatorio y repeticiones de lo que todo el mundo
sabe, va siendo hora de que se haga pública una información completa, que
incluya una cronología. Algo así resulta impostergable para informar al mundo y
en especial al pueblo venezolano las causas que impedirán al presidente electo
tomar posesión de su cargo en tiempo y forma.
La pregunta principal es quién debe dar esa información; a quién le corresponde
asumir la responsabilidad de lo ocurrido.
Desde el 30 de junio de 2011, cuando Chávez anunciara que se le había
detectado un cáncer, ninguna institución médica ha hablado de forma oficial
sobre el paciente. Para reconstruir la historia de la aparición, evolución y
estado terminal de la enfermedad solo contamos hasta ahora con una mezcla de
rumores, lo informado por el gobierno venezolano a través de sus voceros y las
declaraciones emitidas en primera persona por el propio Chávez.
La exactitud de esta información cuya reclamación ya es agenda opositora, va
mucho más allá del interés que pudieran tener los oncólogos a quienes debe
despertarle cierta curiosidad científica este tipo de cáncer que aparece y
desaparece de forma tan sorpresiva. El verdadero misterio a develar ante la
opinión pública quizás se encuentre entre estas variables:
1. En octubre de 2012 Chávez se había curado de forma total; tanto, como
para aceptar su nominación a candidato en las elecciones presidenciales.
Mientras que ahora padece de otro cáncer debutante que nadie esperaba ni
sospechaba.
2. Chávez no estaba totalmente sano, ni en condiciones de aceptar la
responsabilidad de asumir la presidencia.
2.1 Lo sabía y lo ocultó a sus electores.
2.2 No lo sabía
2.2.1 No lo sabía porque su equipo médico tampoco se había enterado del
peligro que lo acechaba.
2.2.2 No lo sabía porque su equipo médico le mintió o le ocultó información.
Regresando a la pregunta de quién debe explicar las anteriores variables,
obviamente le tocaría al equipo médico radicado en Cuba o al propio gobierno
cubano, que a través de sus instituciones eligió al personal encargado del
caso.
Si este cáncer es otro y no aquel detectado a mediados de 2011, habrá que
ofrecer evidencias científicas comprensibles al menos para los especialistas
ajenos a las veleidades políticas y a las maldiciones judías.
Si la desaparición de la enfermedad nunca fue tan definitiva como para que
Chávez se atreviera a aceptar su nominación como candidato presidencial, el
equipo médico entonces se verá en la obligación de confesar que no contó con
los recursos científicos o la necesaria pericia para saberlo, o por el
contrario que lo supo pero le negó la información al paciente, o que lo supo,
se lo informó al paciente y este decidió luego ocultarlo.
Ya el señor Hugo Chávez no tiene futuro político, apenas si tiene futuro
biológico. Si ya estaba al tanto de todo en octubre del año pasado, su decisión
de ocultárselo al electorado solo se puede entender como resultado de una voraz
ambición de poder o, siendo generosos, como un acto de elevado altruismo:
conocedor de su fatal destino, aseguraría así la presencia de su partido en la
silla presidencial para, llegado el momento, entregar el batón al
vicepresidente Nicolás Maduro. Quizás haya sido el denodado esfuerzo por
parecer vigoroso —con la ayuda de esteroides— lo que haya precipitado el
quebrantamiento definitivo de su salud.
Ahora todo parece indicar que tal sacrificio fue en vano y para colmo
contraproducente, pues la develación de semejante engaño podría acarrear un
devastador costo político a su partido de cara a las nuevas elecciones que
prevé para estos casos la Constitución venezolana. A corto o largo plazo la
historia le pasará factura, a menos que el gobierno cubano opte por asumir la
culpa para salvar la memoria de su discípulo predilecto y con ella la
continuidad de la revolución bolivariana.
La opinión pública venezolana tiene el deber moral y el derecho de exigir
una explicación veraz y convincente. También los cubanos deberíamos reclamarla
porque en ella se pone en juego la credibilidad internacional de nuestras
instituciones.
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