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Las noticias de malversación revolucionaria
parecen apenas comenzar. Instituciones como la Fuerza Armada y cuerpos
policiales no se salvan del escándalo. El país marcha hacia un despeñadero.
La corrupción se está comiendo a la Quinta República y cada caso es un
porrazo al ánimo.
Las noticias de corrupción y
violaciones de derechos humanos
apuntaron a los cuerpos de seguridad. (Foto: Archivo)
Rocky
se disfrazó de periodista. Juraría, si yo sufriera de insania mental, que
colgó sus guantes de fiero boxeador hastiado de tanta secuela mal habida para
calzarse los zapatos de un reportero. Pensaría que, con carné del diario La
Verdad adornándole el cuello, se sentó frente a la computadora de la Mesa
Central de Redacción y habría tecleado el titular del sábado que fue hasta la
imprenta en forma de puño cerrado y avalanzado: “Se lo llevó
quien lo trajo”. Una oda a la desesperanza en cinco columnas de la portada,
un golpe enviado sobre tinta y papel al estómago de una República putrefacta.
Presentiría
que el tipo afiló los nudillos sentado a sus anchas. Seguro ya practicaba
desde hace semanas chequeando noticias, tomando apuntes, olfateando el
momento del porrazo definitivo. Me vendría estudiando, el condenado. Lo
imagino silbando, tranquilazo y ufanado, con la confianza de quien sabía cómo
noquearme con un mazazo de realidad. Escogió el día de la “tormenta
perfecta”, eligió la hora de las informaciones más desesperanzadoras y
corruptas.
Lanzó
sus ganchos uno tras otro: Ocho policías que torturaron a un preso… ¡Toma! En
el pómulo y a llorar. Tres militares que extorsionaron a un comerciante...
¡Sostén allí y a cerrar ese ojo! Otro trío de uniformados que asesinó a un
alistado por el extravío de una pistola... ¡Agarra ahí y te pones hielo! Un
funcionario del CICPC detenido por secuestro... ¡Sóbate que se te hincha! Y
un coronel del Ejército arrestado por pretender llenarse los bolsillos a
costa de Cadivi… ¡Julepe pa’ ti! En la mandíbula, apaga y vámonos.
Sin
darme cuenta ya llevaba como 10 rounds encima. Leñazo a leñazo me dinamitó
contra las cuerdas. Antes me aplicó un uppercut con el desfalco de 84
millones de dólares en el Fondo Chino. Luego zafó un escándalo de
malversación en la CVG Ferrominera Orinoco. Hubo un “mandarriazo” en el Saime
y el CNE por otorgamiento irregular de documentos. El “bachaqueo” se pavoneó
moviendo ligeras las piernas a lo Cassius Clay por PDVAL, Casa y Abastos
Bicentenarios. La extorsión se entronizó en el Indepabis. No me dio tregua el
Rocky. Se hizo el tonto y me fue menguando a cuenta gotas.
En
perspectiva, el muy sádico redactó el homenaje a un despeñadero que lleva mi
nombre -y el de 29 millones de venezolanos-. Usó las instituciones, policías
y militares entre ellas, para enviar a dormir al optimismo. Coló por allí
algún párrafo cual palmada de consolación: Que si viene una comisión secreta
para mermar “a lo James Bond” la corrupción, que si se saneará la revolución
“caiga quien caiga”. Rocky, brother, ojalá te diera complejo de Súperman en
vez de Clark Kent. Ojalá me desocuparas pronto la silla en Redacción. Ojalá
salieras a propinarles a los de cuello blanco la tunda con que por estas
horas me desbarataste el alma.
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domingo, 28 de julio de 2013
Termómetro de corrupción: Rocky en Redacción
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