domingo, 30 de octubre de 2011

Gracias por el aumento mi comandante

FRANCISCO OLIVARES |  EL UNIVERSAL

Yo soy su sindicato, le dijo Chávez a los militares tras concederles un aumento salarial de 50%. Muchas lecturas pueden desprenderse de tal expresión. Pero antes debemos aclarar, que si miramos la escala salarial de la jerarquía militar, el aumento se corresponde con la realidad inflacionaria que vive el país. Ahora bien, esa consideración debía aplicarse por igual al resto de la Administración Pública, que teniendo sindicatos organizados, no logran ni la mitad de lo que ha sido otorgado a los militares.
Ahora el asunto es que no se trata de cuestionar el 50% a favor de los castrenses. Lo que hay que rechazar es la utilización política que hace el Presidente para anunciar ese aumento, en el que prácticamente les dice "gracias a mí" es que ustedes pueden recibir aumentos.

Pero esa declaración también pone de relieve la manera personalista en que el Presidente maneja a las instituciones del Estado. Y por eso es él quien entrega viviendas, una escuela, una obra de menor importancia, u ofrece los aumentos salariales, que antes se negociaban entre sindicatos e instituciones o entre las autoridades militares y el alto Gobierno, mediante algún estudio presupuestario basado en prioridades.

La forma en que se hace este anuncio, en los que se agregan expresiones como "es que la burguesía nos odia" es decir: "la oposición odia a los militares", busca profundizar la extrema división política que existe en el país y trata de colocar a quienes no piensan igual como enemigos del Gobierno y enemigos de la FAN.

Ese tipo de mensaje pudiera calar en algún sector militar politizado y tal vez en las cúpulas que se han beneficiado en cargos públicos y en designaciones estratégicas. Pero pensar que la FAN es una unidad monolítica, alineada en su totalidad con tal forma de pensar, está muy alejado de la realidad.

La FAN, como el resto de las instituciones del país, está sufriendo el mismo deterioro. Atribuirse el aumento salarial, como una dádiva concedida por la gracia presidencial, es degradar el valor de la institución, el profesionalismo y la jerarquía militar.

Ello denota al mismo tiempo un intento de aplacar el descontento interno que seguramente alcanza a los militares, de la misma forma que invade a muchísimos sectores públicos, que se refleja en el alto número de conflictos en todo el territorio.

Los bajos salarios, las malas condiciones de vida, la salud, vivienda e inseguridad, también afectan a militares. Ellos no viven en una isla. El lenguaje excluyente, que divide a venezolanos, que descalifica y que crea enemigos, debe ser borrado en los tiempos por venir.

FUENTE: El Universal

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